Así como Qi se encuentra en todo el organismo y está en constante movimiento, los diferentes tipos de Qi tienen sus propios flujos.
Lo primero que he de destacar es que el arte del Feng Shui no se debe confundir con la fantasía, ni con la magia, ni con la básica determinación de cómo organizar los muebles de una casa.
Sus principios son de hace miles de años en el que adapatados a los tiempos actuales nos proporcionan en cada caso la solución más próxima a nuestras posibilidades.
Entonces podemos hablar de bioenergía que la salud, emociones, el aprendizaje, la creatividad,.. de este campo proviene toda la información. Al igual ocurre en nuestros espacios, por eso no es extraño relacionar que así como este de equilibrados nuestros espacios repercutira en nuestra buena salud, por el mismo principio de movimiento energético.
Entonces no es nada mágico el pensar que si potenciamos una parte de nuestra estancia relacionada con una parte de nuestra vida, esta se potencie también, en definitiva estamos trabajando con la energía del Universo la cual se explica gracias a la física cuantica.
La conexión entre la física cuántica y la espiritualidad es para el Dalai Lama algo evidente. Según él, todos los átomos de nuestros cuerpos incluyen parte de ese antiguo lienzo que conformó el Universo en el pasado. Somos polvo de estrellas y estamos conectados biológicamente a cualquier ser con vida; somos seres de energía invisible que vibra, entidades unidas a su vez a todo lo que existe…
Si hay algo que todos sabemos es que ciencia y espiritualidad no son precisamente conocidas por armonizar en sus principios.
Las teorías que establecen una conexión entre la física cuántica y la espiritualidad no son nuevas ni provienen solo del Dalai Lama. A nuestro alcance tenemos, por ejemplo, libros como el de Ciencia y espiritualidad: una integración cuántica de Amit Goswami, profesor jubilado del Departamento de Física Teórica de la Universidad de Oregón y pionero de un nuevo paradigma científico que busca asentar las bases de una ciencia de la consciencia.
Asimismo, también tenemos a Fritjof Capra, reconocido físico austriaco investigador en física subatómica. Este científico es conocido por su trabajo El Tao de la Física (1975), donde se inició una tibia apertura del mundo académico hacia el mundo espiritual. No nos equivocamos por tanto si decimos que se está produciendo un claro acercamiento entre la comunidad física y la filosofía budista.
De hecho, físicos como Raja Ramanna, fallecido hace unos años, pero conocido sobre todo por su papel en el desarrollo nuclear de la India, se interesó en sus últimos días en los textos del filósofo Nagarjuna para descubrir algo asombroso. Muchos de los enunciados del fundador de la escuela madhiamaka del budismo majaiana se tocaban con algunos principios de la física cuántica.
En cada uno de nuestros átomos reside parte de ese polvo de estrellas con el que se originó el propio universo. De algún modo, tal y como nos dice el Dalai Lama, todos estamos conectados y formamos parte de una misma esencia. Concebir esta conexión nos puede ayudar a entender la importancia de generar el bien, porque todo aquello que hacemos reverberaría en el Universo y nos sería devuelto.